El azúcar empieza a patear la puerta

El pasado viernes por la tarde, una de mis pacientes queridas, de esas con las que me río de sus apuntes y ella de mis chistes, me llamó porque tenía la glucosa en sangre en 290 mg/dL. Me lo dijo con esa voz que uno usa cuando descubre que el banco cobró dos veces la misma cuota: “Barcha, ¿esto puede esperar hasta el lunes?”. Le pedí que revisara el glucómetro, que se asegurara de que las cintas o tirillas de pruebas estuvieran no estuvieran vencidas y que repitiera la medición después de lavarse y secarse bien las manos, porque una fruta recién cortada puede convertir un dedo en una pequeña fábrica de resultados falsos. Pero si el segundo resultado confirmaba los 290, aquello ya no era una visita social de la glucosa: venía con sirena.

En una persona con prediabetes, una glucosa aislada por encima de lo esperado no significa que haya pasado de inmediato a diabetes, pero tampoco debe guardarse en el cajón de “después miramos”. Por ejemplo, una medición casual en el laboratorio (independientemente de si había comido) de 200 mg/dL o más, acompañada de mucha sed, aumento de la producción de orina, visión borrosa, cansancio o pérdida de peso, puede establecer el diagnóstico de diabetes. Pero en un glucómetro doméstico, el dato sirve como alarma, pero no como notaría. Si alguien con prediabetes obtiene 200 mg/dL o más, sobre todo si el resultado se repite o aparecen esos síntomas, debe contactar prioritariamente a su médico para confirmar qué está ocurriendo. La prediabetes no siempre avanza caminando lento con bastón: una infección, ciertos medicamentos o la pérdida progresiva de producción de insulina pueden hacer que parezca haber tomado un ascensor.

En quien ya tiene diabetes, una cifra ocasional elevada debe interpretarse según la meta individual que le haya sugerido su médico, pero si la glucosa permanece por encima de 240–250 mg/dL, conviene repetirla, hidratarse si no existe restricción médica, seguir el plan acordado y medir cetonas cuando se disponga de tiras y el médico te haya explicado cómo hacerlo. Si la elevación persiste en dos mediciones, hay cetonas presentes, enfermedad asociada como neumonía, infección urinaria, sinusitis o la persona se siente peor, corresponde llamar al médico ese mismo día, no es momento de improvisar insulina ni duplicar tabletas como quien agrega otra cucharada de azúcar al café porque la primera “no funcionó”. Las causas frecuentes incluyen olvidar o recibir menos medicamento del necesario, una infección urinaria o respiratoria, fiebre, deshidratación, cirugía, traumatismo, estrés físico intenso, exceso inusual de carbohidratos y fármacos como los corticoides.

La urgencia no depende solo del número. Si la glucosa se mantiene en 300 mg/dL o más, o aparecen náuseas, vómitos, dolor abdominal, aliento afrutado, respiración rápida o profunda, sed imposible de calmar, somnolencia, confusión o incapacidad para retener líquidos, hay que acudir a urgencias: puede estar comenzando una cetoacidosis. En adultos mayores con diabetes tipo 2, una elevación extrema, a menudo cercana o superior a 600 mg/dL, puede provocar un estado hiperosmolar con deshidratación intensa, debilidad, alteración de la visión, confusión, convulsiones o pérdida de conciencia; nadie debe esperar a llegar a 600 para pedir ayuda. La moraleja es sencilla: la glucosa alta puede ser un dato; la glucosa alta que persiste, produce síntomas o cambia el comportamiento de la persona ya es un mensaje urgente, y el cuerpo rara vez llama dos veces con tanta educación.

En el caso de Lira, mi paciente, ella tiene diabetes tipo 2 y la trato hace más de 20 años, usa una insulina de acción prolongada (Toujeo) que se inyecta a las 8 pm y toma 10 mg de dapaglifozina diariamente en las mañanas. La noche anterior no había dormido adecuadamente por un problema familiar y posiblemente se había excedido en carbohidratos al almuerzo. Simplemente le sugerí salir al centro comercial más cercano y caminar 30 minutos como quien sale a hacer compras y tomar 1 litro más de líquido (cero contenido de azúcar) esa tarde. Hacia las 8 pm su glucosa ya rondaba los 120 mg/dl y al despertar el sábado su glucosa era de 85 mg/dl.

Siempre les recomiendo a mis pacientes que cuando tengan una duda me llamen, es la manera más rápida de acercarnos a la solución.