de los riesgos en Casa
Un glopecito …

Hace dos semanas recibí la llamada de Vilma, preocupada por Eduardo, su esposo de 65 años: “Barcha, lo noto raro… anda adormilado, con dolor de cabeza y sin apetito”.

Todo había comenzado cinco antes con una caída “sin importancia” en la ducha, ese lugar que parece inofensivo pero que realmente es el sitio donde más accidentes graves ocurren en casa. Se resbaló, se dio un golpe suave en la cabeza y, como buen macho latino certificado, decidió que eso no ameritaba médico y siguió su vida como si nada.

Hablé con Eduardo, aceptó ir a urgencias… y ahí la tomografía hizo pedazos su diploma imaginario de “duro indestructible nivel leyenda”. La pantalla mostraba un hematoma subdural, una acumulación de sangre entre el cerebro y sus membranas protectoras que crece despacio pero va apretando todo por dentro, como si alguien inflara un globo dentro del cráneo. Lo que él llamó “golpecito” era en realidad una bomba de tiempo.

La enseñanza es clara (y vale oro): en adultos mayores —y también en niños— los golpes en la cabeza no se minimizan jamás, aunque al principio no duelan tanto. Ese sangrado puede avanzar silencioso durante horas o días hasta causar confusión, vómitos, somnolencia, dificultad para hablar o incluso pérdida de la conciencia. Así que si hay caída + golpe en la cabeza + síntomas raros, no se espera a que “se pase solo”: se consulta de inmediato. Porque en el cerebro, como en los incendios, cuando uno ve humo ya es tarde para buscar el extintor.

de la velocidad a la que comemos

Ahora que todo lo cronometramos —los pasos, el sueño, las calorías, los polvitos y hasta cuánto dura el café— dime una cosa con honestidad: ¿alguna vez has medido cuánto tiempo le dedicas a masticar? Porque parece que comer no es una carrera de Fórmula 1 sino un proceso biológico finamente coordinado donde, entre más lento mastiques y más se demores en cada comida, menos terminas comiendo en total

. ¿Por qué? Porque mientras tu masticas con calma, el intestino libera hormonas de saciedad como el GLP-1, el PYY y la leptina, que le mandan un mensaje claro al cerebro: “ya estamos llenos, para de comer”. El problema es que cuando uno come como aspiradora industrial, esas hormonas llegan tarde… cuando ya cayó el postre, el pan extra y la repetición de arroz.

Y no es solo para controlar el peso: comer despacio mejora la digestión, reduce la hinchazón, el reflujo y hace que el cuerpo absorba mejor los nutrientes, además de ayudar a evitar comer en exceso —algo especialmente útil incluso en personas que usan medicamentos para la obesidad

De hecho, múltiples estudios muestran que quienes comen rápido tienen más obesidad y más riesgo de síndrome metabólico, tanto en adolescentes como en adultos

Parece que no necesitas una dieta de moda, necesitas bajarle la velocidad a la mandíbula. A veces el mayor problema no es lo que comemos… sino la velocidad con la que la atropellamos.

Bibliografía principal:
Aoshima et al., Nutrients 2025; Teo et al., AJCN 2022; Martínez-López et al., Nutrients 2024; Garcidueñas-Fimbres et al., Nutrients 2021; Tapper, Nutrition Bulletin 2022.


💬 El flojo profesional

A veces me pregunto —con toda seriedad científica y cero evidencia, pero con mucha imaginación— si en la época de las cavernas existían los “flojos profesionales”. Ese cavernícola que decía: “Hoy no salgo a cazar porque estoy cansado”, mientras los demás corrían por su comida como si fuera Black Friday. ¿Se imaginan al perezoso de la tribu diciendo que prefería quedarse acostado en la piedra viendo pasar las nubes prehistóricas? … desaparecería del mapa evolutivo! No había excusa de “no tengo tiempo”, porque o caminabas, corrías, cargabas cosas y trepabas árboles… o te convertías en el almuerzo de otro más activo.

Pero fíjate bien: tanto en las cavernas como hoy seguimos teniendo las mismas 24 horas. Hagamos la auditoría del “flojo nivel profesional”. Arranquemos por la noche: siete horas para dormir como cavernícola responsable. En la mañana, antes del desayuno, 30 minutos para una caminadita que despierte al metabolismo. Luego vienen cuatro horas de trabajo, una hora tranquila para almorzar sin tragarte la vida en cinco minutos, otros 30 minutos para la caminadita digestiva, luego cuatro horas más de trabajo en la tarde, una hora para cenar y otros 30 minutos de caminata post-cena estilo abuelo sabio. ¿Sabes cuántas horas van ahí? Apenas 18 horas y media. Y aun así te quedan 5 horas y media completas para tu alter ego de flojo profesional: sofá, celular, novela, quejas de cansancio y excusas creativas incluidas.

De youtube

¿Sabías que 1 de cada 3 adultos tiene un problema metabólico silencioso —sin dolor, sin síntomas claros— que puede elevar su riesgo de infarto o accidente cerebrovascular hasta cerca del 25–30% en los próximos 10 años, incluso sin tener diabetes o prediabetes? En este nuevo video te explico de forma clara (y con algo de humor) qué es realmente el síndrome metabólico, por qué una glucosa “apenas alta”, una presión “controlada” y una barriguita aparentemente inofensiva no son tan inocentes como parecen, y cómo esta combinación va empujando al cuerpo a un peligro real pero reversible si se detecta a tiempo. Es de esos contenidos que pueden cambiar la forma en que miras tus exámenes médicos. 👉 Quiero ver el vídeo

de las historias que me gustan: El Cortisol
de Canibales

El sábado pasado, en la búsqueda de una buena película, terminé repitiendo El silencio de los inocentes con el inolvidable Hannibal Lecter —ese caníbal moderno, elegante y aterrador—. Y en plena escena, entre sorbo y sorbo de café(*), me surgió una duda científica tan innecesaria como maravillosa:

—Momento… si este señor se come personas… ¿qué pasa con TODO el cortisol que esas pobres almas traían encima por el susto?

Porque pensemos con lógica endocrinológica: una persona que sabe que la van a perseguir, capturar y posiblemente convertir en almuerzo, no está en modo zen. Está en modo “león detrás mío”. Adrenalina disparada, corazón como reguetón a todo volumen, glucosa subiendo como ascensor dañado… y cortisol saliendo por todos los poros. El cuerpo humano en estrés extremo es básicamente una fábrica hormonal trabajando en turno triple.

Y ese cortisol no se evapora como colonia barata. Va por la sangre, se mete en los músculos, en los tejidos, en todo. De hecho, en la industria de la carne se sabe hace años que cuando un animal se sacrifica estresado, la carne sale peor: más dura, más ácida, de menor calidad. Traducción médica elegante: el estrés daña hasta el bistec.

Ahora imagina un ser humano en pánico absoluto… eso no es carne “orgánica”, eso es carne marinada en cortisol.

O sea que el caníbal no solo estaba comiendo proteína.
Estaba comiendo: cortisol concentrado, adrenalina en salsa natural y glucosa de acompañamiento. Un combo metabólico completo.

Y aquí viene lo interesante: el cortisol no es precisamente una hormona fitness. En exceso sube el azúcar, favorece grasa abdominal, debilita defensas y desordena todo el metabolismo. Así que probablemente nuestros amigos caníbales, creyendo que estaban fortaleciendo el cuerpo, en realidad se estaban metiendo el equivalente prehistórico de síndrome metabólico: barriga tribal, inflamación ancestral y glucosa de la edad de piedra.

Quién sabe… tal vez el primer diabético tipo 2 de la historia no apareció por comer frutas, sino por comer humanos aterrados.

Pero ahora, bajemos de la selva a la vida moderna.

Hoy no nos persiguen con lanzas (bueno… algunos bancos casi), pero vivimos igual de estresados: trabajo, deudas, tráfico, noticias, insomnio, preocupaciones. Nuestro cortisol ya no sube por minutos —como en la prehistoria— sino por años. Y no necesitamos canibalismo para enfermarnos: el estrés crónico solito hace el trabajo.

Conclusión científica con humor:
Si el estrés era capaz de arruinar hasta la carne en tiempos salvajes, imagina lo que está haciendo hoy con nuestro páncreas, nuestra presión y nuestra cintura.

El verdadero depredador moderno no es Hannibal.
Es el cortisol mal manejado.

(*) Café de origen del Huila (1500 m.s.n.m.), varietal bourbon rosado, proceso natural, notas de sabor a frambuesas y ciruelas pasas, tostión media.

Hasta el próximo miércoles,
Barcha

Keep Reading