01. Doctor, últimamente me dan calambres en las piernas durante la noche. - Lácides -
Después de los 60, lo más frecuente es que los calambres nocturnos sean idiopáticos, es decir, que no encontramos una enfermedad conocida detrás. El músculo simplemente decide montar su espectáculo a las 3 de la mañana; pero lo que sea que lo produce tiene relación con la edad: aumentan los cambios en la excitabilidad de los nervios y la fatiga muscular, y también pueden influir el ejercicio intenso, pasar muchas horas de pie, algunos medicamentos y, en ciertos casos, alteraciones de calcio, potasio o magnesio. Si son nuevos, muy frecuentes, intensos o aparecen junto con debilidad, adormecimiento, hinchazón o cambios en la circulación, conviene discutir con tu médico los medicamentos que tomas, si necesitas descartar anemia, revisar electrolitos (sodio, potasio, calcio, etc.), la función renal o la tiroides, neuropatía o enfermedad vascular. Y no, tener calambres no significa automáticamente que te falte magnesio o vitamina b12. Mira, en mis pacientes encuentro que simplemente con recomendarles mejorar la hidratación diaria (30 cc de líquido por cada kg de peso corporal) es suficiente. Por ejemplo, si pesas 65 kg deberías consumir alrededor de 2000 cc de liquido diariamente, siempre que no haya restricciones médicas para el consumo de líquidos.
02. Barcha, tengo 75 y llevo muchos años haciéndome la mamografía cada dos años. Nunca me han encontrado nada anormal. ¿A mi edad todavía vale la pena seguir haciéndomela? — Frances
Mira Frances, entiendo la incomodidad de ese pellizco; si a mi próstata tuvieran que espicharla como te espichan tus senos, también me quejaría. La verdad es que después de los 75 años la mamografía no es de obligación rutinaria para todas las mujeres. Lo malo es que tampoco existe una edad mágica a partir de la cual los senos reciben un certificado de jubilación. Las recomendaciones estadounidenses más recientes indican que entre los 40 y los 74 años conviene realizarla cada dos años, pero a partir de los 75 no tenemos suficiente evidencia científica para asegurar que sus beneficios superen sus posibles perjuicios (irradiación, dolor, temor, biopsias innecesarias por falsos positivos, etc.). Aquí importa menos la edad que aparece en tu cédula y más tu estado general de salud. Si tienes 75 años, eres activa, independiente, no tienes enfermedades graves y razonablemente puedes esperar vivir otros diez años o más, puede tener sentido continuar con las mamografías. La Sociedad Americana contra el Cáncer recomienda mantenerlas mientras la mujer tenga buena salud y una expectativa de vida de al menos diez años. En cambio, si existen enfermedades importantes que limitan la esperanza de vida, encontrar un tumor pequeño que posiblemente nunca habría causado problemas puede terminar provocando biopsias, tratamientos y preocupaciones innecesarias. No todo cáncer detectado tempranamente significa una vida salvada, y ese es precisamente uno de los dilemas de hacer exámenes de detección a edades avanzadas.
Mi recomendación: no suspendas ni continúes las mamografías simplemente porque cumpliste 75 años. Revisa con tu médico tu salud, antecedentes familiares, riesgos y expectativa de vida. Y recuerda que si aparece un bulto, secreción por el pezón o algún cambio sospechoso en la mama, hay que estudiarlo tengas 75, 85 o 95 años. Porque una cosa es jubilarse de las mamografías rutinarias y otra muy distinta es jubilarse de cuidar los senos. ¡Eso sí que no tiene edad!
03. Barcha, todos hablan mal de las estatinas…. — Javier
Javier, quien habla mal de una estatina formulada correctamente, a una persona con riesgo cardiovascular alto, seguramente no es médico o, si lo es, hace rato que no revisa la literatura científica o es tu cuñado quien no conoce tu historia clínica completa y opina sin tener todos los elementos para hacerlo. Las estatinas pueden producir daño hepático, pero una lesión seria ocurre aproximadamente en 1 de cada 100.000 personas que la toman. En cambio, un análisis de 26 estudios con cerca de 170.000 participantes encontró que, por cada reducción de 39 mg/dL del colesterol LDL, las estatinas disminuyen aproximadamente un 22 % el riesgo relativo de infartos, accidentes cerebrovasculares y otros eventos cardiovasculares importantes. Y aquí viene lo divertido: mientras algunas personas le tienen pánico a una atorvastatina, toman tranquilamente diclofenaco porque se lo recomendó la comadre, quien además de experta en dolores de rodilla parece tener un gradp de medicina por correspondencia. Pues resulta que el diclofenaco también puede producir lesiones hepáticas y un estudio publicado en The BMJ, con más de 1,3 millones de personas que iniciaron este medicamento, encontró un 50 % más de eventos cardiovasculares durante los primeros 30 días, comparado con quienes no lo iniciaron. ¡Qué curiosa nuestra relación con los medicamentos! Le tenemos miedo al que ayuda a prevenir infartos y le damos la bienvenida, con cafecito incluido, al que puede aumentar su riesgo. Un buen acto para tu salud no consiste en decidir por los chismes de la comadre o el cuñado irresponsable, sino por los beneficios y los riesgos demostrados científicamente.
04. Doctor, mi padre tuvo cáncer de próstata, yo tengo mayor riesgo? - William -
Sí, tener un padre con cáncer de próstata aumenta aproximadamente 2,3 veces tu riesgo de desarrollar la enfermedad. Y, mira, esto no ocurre solamente con la próstata. Tener un familiar de primer grado, es decir, padre, madre o hermano, con cáncer de colon aumenta el riesgo alrededor de 2 veces; con cáncer de estómago, unas 2,7 veces; y con cáncer de pulmón, aproximadamente 1,5 veces. Son cifras obtenidas de grandes estudios y pueden variar según la edad a la que enfermó tu familiar y cuántos familiares estén afectados. Eso sí, tener mayor riesgo no significa que necesariamente desarrollarás cáncer. Además, no todo ese riesgo familiar se debe a los genes: también influyen los hábitos y el ambientes (alcohol, tabaco, sedentarismo, carnes ultraprocesadas, polución, etc.). Por eso es importante conocer los antecedentes familiares y decidir con tu médico qué exámenes preventivos necesitas. ¡La familia puede heredarnos el mal genio del abuelo, la nariz de pájaro de la tía y hasta ese raro olor a pescado del primo, pero afortunadamente no estamos obligados a heredar todas sus enfermedades!
05. Doctor, una tía y mi madre tuvieron demencia. El neurólogo les sugería colorear mandalas y dibujar objetos. Crees que eso también sirve para prevención — Alicia -
¡Por Dios, Alicia! ¡Tienes 72 años, no 102! Y tampoco necesitas matricularte en una academia de mandalas para evitar la demencia. Pintarlos puede ser entretenido y relajante, pero no existe evidencia sólida de que prevengan por sí solos el deterioro cognitivo. Si quieres mantener activo tu cerebro, hay opciones más divertidas: aprende a bailar salsa, estudia un idioma (el Arameo, por ejemplo), aprende un arte (te sugiero el Tarot; siempre en una familia alguien sabe de la suerte de otros a través de las cartas… o el cuncho del café), ve más a la playa o a una piscina, sal a caminar y toma sol, haz ejercicios de fuerza, conoce gente nueva y entabla conversaciones y, si estás soltera o mal casada, ¡enamórate! de nuevo. La ciencia respalda especialmente la actividad física, el control de la presión arterial, la audición y la vida social como parte de la prevención del deterioro cognitivo. El cerebro necesita movimiento, aprendizaje y compañía, no una condena de cadena perpetua a colorear circulitos.
Doctor, mi médico me diagnosticó herpes zóster, pero estoy preocupado porque las lesiones comenzaron en el lado izquierdo de la espalda y ahora están apareciendo hacia el derecho. Me dijeron que si la culebrilla se junta formando un cinturón alrededor del cuerpo puede ser mortal. ¿Es cierto?— Arturo -

¡¡Tranquilo Arturo, la culebrilla no es una boa constrictora! Esa mito urbano de que, si las lesiones dan la vuelta completa a la cintura y se encuentran, la persona se encontrará con San Pedro (o don Sata), no tiene fundamento científico. El herpes zóster aparece cuando el virus de la varicela, que llevaba años dormido en un ganglio nervioso, una especie de pequeña estación de descanso donde se agrupan los cuerpos de las neuronas, decide despertarse y “caminar” siguiendo el recorrido del nervio y afectar un solo lado del cuerpo. Aunque en la imagen que enviaste no veo que la lesión se haya extendido al lado derecho, si las lesiones aparecen también al otro lado, es importante que tu médico te examine nuevamente, porque puede tratarse de una presentación nada habitual o incluso de otro problema de piel. En personas con defensas disminuidas, una erupción muy extendida puede indicar una infección más seria, pero el peligro no depende de que las lesiones se junten formando un cinturón. Las verdaderas complicaciones incluyen el dolor persistente, las infecciones de la piel y, raramente, la afectación de otros órganos. Así que no te preocupes porque la culebrilla esté intentando cerrar el cinturón. ¡El virus es antipático, pero no tiene poderes mágicos de estrangulamiento!
Y aprovecho para contarte dos cosas: no siempre el herpes zóster produce ese dolor intenso y quemante del que tanto se habla. ¡Algunos virus hacen tanto escándalo que no dejan dormir y otros llegan de visita sin siquiera tocar el timbre! Pero hay algo todavía más curioso: existe el herpes zóster sin erupción en la piel, conocido como zóster sine herpete. El virus se reactiva y puede afectar los nervios sin producir las famosas ampollitas. Esta presentación es poco reconocida y más difícil de diagnosticar. Así que ni la ausencia de dolor descarta un herpes zóster ni la ausencia de lesiones cutáneas excluye completamente una reactivación del virus. Ajá, tampoco significa que cualquier dolor misterioso sea una culebrilla invisible.
Y una aclaración importante: el herpes zóster sí es contagioso, pero con una particularidad. Si una persona que nunca ha tenido varicela ni ha sido vacunada contra la varicela, entra en contacto con el virus, puede desarrollar varicela, no herpes zóster. El contagio ocurre principalmente por contacto con el líquido de las ampollas, aunque también puede producirse por partículas infecciosas procedentes de las lesiones. Por eso, mientras existan ampollas sin formar costra, conviene mantenerlas cubiertas, lavarse las manos y evitar el contacto con embarazadas sin inmunidad, recién nacidos y personas con defensas disminuidas. Cuando todas las lesiones se han convertido en costras, la persona deja de ser contagiosa. Así que la culebrilla no mata por cerrar el cinturón, pero sí puede repartirle la varicela a quien no estaba preparado para la fiesta.
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Hasta el próximo miércoles



