Tengo la glucosa en ayunas normal y mi HbA1c está bien, por qué debo hacerme la prueba de tolerancia oral a la glucosa?

La respuesta que le di a Alicia fue sencilla: “Mira, tienes 62 años, hipertensión arterial y tu perímetro abdominal está unos centímetros por encima de la meta que buscamos. Eso no significa que tengas resistencia a la insulina ni mucho menos diabetes, pero sí me da razones para mirar un poco más”. Con los años aumenta el riesgo de alteraciones en el metabolismo de la glucosa, y ese riesgo es mayor cuando aparecen compañeros de viaje como la hipertensión y la adiposidad abdominal. Por eso, aunque tu glucosa en ayunas sea de 94 mg/dL y tu HbA1c de 5,6 %, quiero saber algo que ninguno de esos dos números puede responder por completo: ¿qué ocurre con tu glucosa cuando obligamos a tu organismo a manejar una carga importante de azúcar?

La prueba que le propuse fue una prueba oral de tolerancia a la glucosa (PTOG). Es bastante sencilla: después de al menos ocho horas de ayuno medimos la glucosa, la persona toma 75 gramos de glucosa disueltos en agua y dos horas después volvemos a medirla. En condiciones normales esperamos una glucosa en ayunas menor de 100 mg/dL y, dos horas después de la carga, menor de 140 mg/dL. Y aquí es donde empiezan las sorpresas: alguien puede comenzar tranquilamente con 94 mg/dL y, dos horas después, aparecer con 165 mg/dL. Ese segundo resultado ya corresponde a intolerancia a la glucosa, una forma de prediabetes. Entre 140 y 199 mg/dL hablamos de intolerancia a la glucosa y, a partir de 200 mg/dL, el resultado alcanza criterio de diabetes, (resultado que debe confirmarse después).

A mí me gusta pensar en esta prueba como cuando llevamos un carro al taller. La glucosa en ayunas es encender el motor mientras el carro está estacionado: puede sonar bien y no prender ninguna lucecita. La carga de glucosa es decirle al mecánico: “Bueno, ahora sácalo a carretera y pónlo a subir una loma”. Es allí, cuando le exigimos al sistema, donde algunas alteraciones que estaban perfectamente escondidas comienzan a aparecer.

Esa es la razón por la que me interesa especialmente esta prueba en algunas personas con riesgo cardiometabólico, como el caso de Alicia, y una HbA1c aparentemente tranquilizadora. La HbA1c es un promedio, y los promedios tienen una habilidad extraordinaria para esconder aventuras. Dos personas pueden tener la misma HbA1c y, sin embargo, su glucosa se comporta de manera muy diferente después de comer. Además, una HbA1c de 5,6 % está apenas por debajo del 5,7 % que utilizamos actualmente para definir prediabetes. Pero cuidado: ese 5,7 % es un punto de corte que utilizamos los médicos para clasificar, no es una muralla que exista dentro del cuerpo. El riesgo no aparece súbitamente cuando pasamos de 5,6 a 5,7 %. Va aumentando poco a poco a medida que la HbA1c sube, incluso antes de cruzar ese límite. El páncreas, no conoce los decimales que escribimos como límites, y que dicho sea de paso son arbitrariamente consensuados.

Ahora bien, esto no significa que todos necesitemos una curva de glucosa. Si una persona está asintomática, tiene bajo riesgo y su HbA1c y su glucosa en ayunas son claramente normales y además cuentan la misma historia, probablemente no necesitamos mandarla al laboratorio a pasar dos horas bebiendo un líquido que, digámoslo con cariño, nunca ha preocupado a Coca-Cola como competidor. La prueba se vuelve mucho más interesante cuando algo nos hace levantar una ceja: resultados cercanos a los límites, una HbA1c que no concuerda con otras glucosas, sobrepeso o adiposidad abdominal, hipertensión, sedentarismo, alteraciones de los lípidos o una familia en la que la diabetes aparece con tanta frecuencia que casi debería tener grupo propio de WhatsApp.

Por eso no se trata de pedir exámenes por deporte, sino de escoger el examen adecuado para la persona que tenemos delante. Y aquí conocer a nuestros pacientes sigue teniendo un enorme valor: saber cómo ha cambiado su cintura, qué ha ocurrido con su peso, cómo come, cuánto se mueve y, especialmente, qué enfermedades se repiten en su familia. El laboratorio nos entrega números; la historia del paciente nos dice cuáles de esos números vale la pena perseguir.

Y hay un detalle importante que casi nunca contamos: para hacer bien esta prueba también hay que hacer la tarea los días anteriores. No vale pasar tres días huyéndole al arroz, al pan y a la papa como si fueran miembros de una banda criminal y aparecer después en el laboratorio diciendo: “A ver cómo está mi glucosa”. La ADA recomienda consumir al menos 150 gramos de carbohidratos al día durante los tres días previos a la prueba, porque una restricción importante de carbohidratos puede alterar el resultado. La idea es evaluar cómo responde tu organismo en condiciones habituales, no después de haberlo entrenado tres días para presentar el examen. Yo les digo: come y bebe como siempre lo has hecho.

Así que tampoco quiero que termines este artículo pensando: “¡Carajo, mañana mismo me hago esa prueba!” Mejor pregúntate: con mi edad, mi cintura, mis antecedentes familiares y mis resultados, ¿tendría sentido mirar qué ocurre con mi glucosa después de una carga? Porque la glucosa en ayunas nos muestra al metabolismo recién levantado, tranquilo, en pantuflas y tomándose el primer café. Los 75 gramos de glucosa le quitan las pantuflas y le dicen: “Bueno, campeón… ahora quiero verte trabajando”.

Bibliografía para curiosos

  1. American Diabetes Association Professional Practice Committee. Diagnosis and Classification of Diabetes: Standards of Care in Diabetes—2026. Diabetes Care. 2026;49(Suppl 1). Es la referencia principal para los criterios de glucosa en ayunas, HbA1c y prueba oral de tolerancia a la glucosa, además de la preparación con carbohidratos antes de la PTOG.

  2. American Diabetes Association Professional Practice Committee. Prevention or Delay of Diabetes and Associated Comorbidities: Standards of Care in Diabetes—2026. Diabetes Care. 2026;49(Suppl 1). Útil para entender qué significa encontrar prediabetes y qué podemos hacer después para reducir el riesgo de progresión.

  3. Tabák AG, Herder C, Rathmann W, Brunner EJ, Kivimäki M. Prediabetes: a high-risk state for diabetes development. Lancet. 2012;379(9833):2279-2290. Un excelente artículo para quien quiera comprender por qué la alteración de la glucosa es un proceso progresivo y no algo que mágicamente comienza cuando cruzamos un punto de corte. DOI: 10.1016/S0140-6736(12)60283-9.

  4. Abdul-Ghani MA, Tripathy D, DeFronzo RA. Contributions of beta-cell dysfunction and insulin resistance to the pathogenesis of impaired glucose tolerance and impaired fasting glucose. Diabetes Care. 2006;29(5):1130-1139. Especialmente interesante para entender por qué alguien puede tener una glucosa en ayunas tranquilizadora y, sin embargo, mostrar una respuesta anormal después de la carga de glucosa. DOI: 10.2337/dc05-2179.

Para los verdaderamente curiosos: si después de leer estos artículos todavía creen que una glucosa en ayunas normal nos cuenta toda la historia, podemos sentarnos a discutirlo. Eso sí, yo pongo el café, los 75 gramos de glucosa los dejamos para el laboratorio.

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