de animales a humanos
.. es un sacacorcho

Esta mañana me llamó una paciente muy querida. No para hablarme de su glucosa, ni de su colesterol… sino de su perro: “Barcha, está decaído, no come, orina muy seguido… y el veterinario dice que puede ser leptospirosis”. Y mientras me lo contaba, casi con ternura, soltó la frase que me hizo enderezar en la silla: “yo lo he estado limpiando,… pobrecito…”. En ese momento olvidé a Kaliman (su perro) y comencé a pensar en ella. Porque hay historias clínicas que uno siente que ya empezaron… solo que el protagonista no ha leído su guión.
El culpable en esta historia es un personaje bastante elegante bajo el microscopio: una bacteria en forma de espiral, delgada, móvil, casi como un sacacorchos microscópico llamada Leptospira. Vive feliz en la orina de animales infectados (perros, ratas, ganado) y tiene una habilidad: entra al cuerpo sin hacer ruido, por pequeñas lesiones en la piel o de las mucosas, como quien se cuela por una ventana mal cerrada. Y una vez dentro, no hace escándalo inmediato. Se disfraza. Empieza como una “gripecita”: fiebre, dolor muscular (muy típico en pantorrillas, como si hubieras jugado fútbol), malestar general; y mientras tú sigues con tu vida, el bicho ya está organizando la fiesta por dentro.
Porque si no la detectas a tiempo, la leptospirosis puede pasar de visita incómoda a inquilino peligroso. Puede inflamar el hígado y teñirte los ojos de amarillo (ictericia), comprometer el riñón y alterar la orina, meterse en los pulmones y causar sangrados, o incluso afectar el sistema nervioso. Lo que empieza como algo “leve” puede convertirse en un asunto serio si se ignora. Entonces, le informé de todo eso y le sugerí hacer la prueba de leptospira a ella y al esposo. Estoy a la espera del resultado.
Y termino con una recomendación que puede parecer obvia… pero que en la práctica casi nadie hace: si a tu mascota le diagnostican una enfermedad, díselo a tu médico de cabecera. Así, tal cual. Como cuando le cuentas que tienes gastroenteritis o que te dolió el pecho o que a tu hermana le encontraron un tumor.
Separar el mundo de las mascotas de nuestra salud es un error elegante. Vivimos como si habitáramos casas distintas, cuando en realidad compartimos el mismo sofá, el mismo piso… y los mismos microorganismos.
Porque sí, las mascotas nos transmiten alegría y risas… pero también bacterias, virus, y parásitos. Y, aunque tu médico no conozca completamente el caso clínico del perro o del gato, conoce del peligro de esos bichos compartidos y puede completar el circuito de la enfermedad a tiempo… así la medicina funciona mucho mejor.
de cosas del trabajo
Quién drena tu energía?

Hace unos días tenía un paciente de 45 años, juicioso, caminador, comía bastante bien… pero algo no cuadraba. No estaba mal… pero tampoco estaba bien. Es como ese carro que arranca, pero suena raro. Reviso sus números en los resultados de exámenes y veo pequeñas señales… de esas que no salen en negrilla, pero que a uno como médico le hacen levantar la ceja. Le pregunto: “¿Qué está pasando en tu vida?”… y me dice: “Barcha… de lunes a viernes tengo que soportar a un compañero de trabajo… y a veces me llama los fines de semana… y doctor, lo peor no es que me llame… es que viene en modo queja ilimitada, infinita, como plan premium… y estoy mamado”. En ese momento entendí que no necesitaba más exámenes… necesitaba un ovni… con destino solo de ida… para el compañero.
Y no es chiste. Hoy sabemos que hay personas que no solo te alteran el ánimo… te alteran la biología. Tu cuerpo no entiende si estás hablando, discutiendo o escuchando a alguien con su “plan premium de quejas”… o si estás huyendo de un león. Para él, todo es peligro.
Y reacciona igual: sube el estrés, libera glucosa, desordena el sueño y mantiene encendidos sistemas que deberían apagarse… pero no lo hacen.
Ahí es donde empieza lo interesante. Porque de pronto aparecen esas “cositas” en los exámenes… proteína C reactiva elevada (que habla de inflamación crónica de bajo grado), frecuencia cardíaca inadecuada, aumento progresivo del abdomen y otros numeritos que el paciente ve normales, pero que cuentan otra historia: un organismo en riesgo por vivir en modo alerta permanente.
Por eso a veces, cuando alguien me dice: “Barcha, ¿qué dieta hago?”, yo pienso… antes de quitar el pan, revisemos con quién estás desayunando… o con quién trabajas. Porque hay relaciones que no solo te quitan la energía… te dejan en déficit emocional crónico… y eso no lo corrige ningún plan de ejercicio, de dieta o de medicamentos.
💬 de planes
.. de mi ex-prediabetes
¿Quieres ver cómo se vive (de verdad) un domingo completo intentando no volver al “club de la prediabetes”? . Te lo muestro paso a paso en este video.
Hasta el próximo sábado,
Barcha



