de mi investigación sobre el Cortisol

Hay una trampa moderna que entra a tu casa todos los días con música épica, presentador de sonrisa blanca y un mensaje silencioso para tu sistema nervioso: “prepárate para sobrevivir”.

Es el noticiero: masacres, tormentas, peligros, crisis, “última hora”, “urgente”. Y tu cerebro —muy inteligente para calcular impuestos, pero bastante primitivo para detectar amenazas— no piensa: “ah, eso pasó en otro país”. Piensa algo mucho más básico: “si esto está pasando, estoy en riesgo”.

No es drama, es biología. En estudios experimentales, simplemente ver u oír noticias negativas empeora el estado de ánimo y deja una resaca emocional que dura más de lo que uno cree, incluso cuando luego intentas distraerte viendo algo “ligero”. Es como comerse una hamburguesa triple y luego pedir una lechuga para compensar. En uno de esos estudios clásicos, ver noticieros disparó emociones negativas persistentes, y lo único que realmente ayudó a bajar ese golpe no fue cambiar de canal, sino hacer relajación dirigida. O sea: el cerebro no se “desestresa” con memes, necesita bajarse del modo alarma.

Ahora, desde el punto de vista evolutivo, tu cerebro no está loco. Durante miles de años, estar hiperalerta salvaba vidas… cuando la amenaza era un tigre dientes de sable a 30 metros. No cuando era una tormenta en Japón o una tragedia a 3.000 kilómetros. Pero el sistema de estrés no usa Google Maps. No mide distancia. Solo interpreta señales de peligro.

Hoy el depredador llega en HD, con notificación push y antes del primer sorbo de agua. Y la ciencia lo confirma: la exposición repetida a noticias traumáticas se asocia con respuestas de estrés más intensas, e incluso con síntomas parecidos al trauma indirecto, sobre todo en personas más vulnerables. En jóvenes, por ejemplo, más consumo de noticias violentas se ha relacionado con mayor activación fisiológica del estrés, más ansiedad y más síntomas emocionales. En palabras sencillas: el cuerpo cree que está viviendo la tragedia, aunque esté sentado en el sofá.

Y aquí viene lo más injusto del asunto: ni siquiera tienes que vivir el evento para que tu cuerpo lo ensaye. El cerebro funciona como un álbum de fotos del horror. Cada nuevo titular lo abre justo en la página más fea. Un estudio famoso tras los atentados de la Maratón de Boston mostró que personas con mayor exposición mediática a tragedias previas presentaban respuestas de estrés agudo más fuertes, aunque no estuvieran allí.

Es como ese amigo que siempre recuerda la peor anécdota en cada reunión. Tu cerebro hace lo mismo: “ah, tragedia… déjame sacar todo el archivo completo”. Además, otros estudios muestran que consumir noticias negativas a diario reduce el afecto positivo (o sea, la alegría normal de vivir) y aumenta tristeza, preocupación y ansiedad. No porque seas débil. Porque tu sistema nervioso hace exactamente lo que fue diseñado para hacer: protegerte.

Por eso mi decisión personal de no oír noticias en la mañana no es espiritual, es médica. Al despertar estamos en modo biología cruda: venimos de horas sin comer, con pérdida de agua nocturna, y con el cortisol matutino activándose para arrancar el día. Es como encender el motor del cuerpo.

Si a eso le agregas tragedias, alarmas y peligros desde la pantalla, es como echarle gasolina a una fogata que ya estaba prendida. Y para completar el combo, hay estudios recientes que sugieren que una hidratación subóptima se asocia con una mayor reacción del cortisol ante el estrés. Traducido al idioma del consultorio: si amaneces medio deshidratado y además te metes el noticiero por vena, tu cuerpo cree que arrancó el día huyendo de algo… y tú solo ibas a preparar café.

Así que no es que informarse sea malo. Lo malo es bombardear a un cerebro primitivo con tragedias justo cuando está más vulnerable. Tu sistema nervioso no necesita “última hora” a las 6 de la mañana. Necesita agua, calma… y ojalá silencio.

Tu paz mental no es ignorancia.
Es higiene neurológica.

Bibliografía breve (para tu blog)

  • Szabo A, Hopkinson KL. Negative psychological effects of watching the news in television. (2007).

  • de Hoog N, Verboon P. Is the news making us unhappy? The influence of daily news exposure on emotional states. (2020).

  • Garfin DR et al. Cumulative exposure to prior collective trauma and acute stress responses… (Boston Marathon bombings). (2015).

  • Busso DS et al. Media exposure and sympathetic nervous system reactivity / trauma-related symptoms in youth. (2014).

  • Zaplatosch ME et al. Fluid intake, hydration status and cortisol dynamics. (2025).

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