En las familias siempre hay cierta emoción cuando nace un bebé de cuatro kilos y pico. “¡Mire ese muchachón!”, dice alguien, mientras otro calcula que salió de la maternidad listo para entrar a la universidad. Y, efectivamente, la mayoría de estos niños parecen perfectamente sanos. Médicamente hablamos de macrosomía cuando el peso al nacer es muy elevado, habitualmente por encima de 4.000–4.500 gramos, aunque hoy también preferimos hablar de grande para la edad gestacional, es decir, por encima del percentil 90 para las semanas de embarazo. El problema es que algunas veces ese tamaño extraordinario no significa simplemente que heredó el cuerpo del abuelo: puede ser la primera pista visible de que durante nueve meses estuvo creciendo dentro de un ambiente con más glucosa de la necesaria.
La explicación es fascinante. Cuando la madre tiene glucosa elevada durante el embarazo, esa glucosa atraviesa la placenta y llega al bebé. La insulina materna no cruza de la misma manera, así que el páncreas del feto tiene que fabricar su propia insulina para manejar semejante banquete de glucosa Y la insulina, además de bajar la glucosa, es una potente hormona que estimula el crecimiento de los tejidos. El resultado puede ser un bebé que fabrica y guarda más grasa, aumenta especialmente su perímetro abdominal y crece más de lo esperado. Es como haber pasado varios meses escuchando dentro del útero: “Hay comida de sobra, almacena todo lo que pueda”. La relación entre glucosa materna y mayor crecimiento está bien documentada y ocurre incluso a lo largo de valores de glucosa materna que no necesariamente parecen espectaculares.
La historia interesante comienza después del parto. Ese bebé puede irse a casa rosado, comiendo perfectamente y sin ninguna etiqueta de enfermedad, pero la exposición metabólica durante la gestación puede dejar una predisposición que se manifieste muchos años después. En el seguimiento del gran estudio internacional HAPO, los hijos de madres que habían tenido diabetes gestacional presentaron, entre los 10 y 14 años, intolerancia a la glucosa en 10,6 % de los casos frente a 5 % entre los hijos de madres sin diabetes gestacional. Además mostraban menor sensibilidad a la insulina. Y estos resultados persistieron incluso después de considerar factores como el peso de la madre y el del propio niño. La ADA (Asociación Americana de Diabetes) reconoce hoy que la exposición a hiperglucemia dentro del útero se asocia posteriormente con mayor riesgo de obesidad, alteraciones metabólicas y diabetes tipo 2.
Pero aquí hay que evitar otro error: haber nacido grande no condena a nadie a ser diabético. Hay bebés grandes porque sus padres son grandes, por características genéticas o por múltiples razones distintas a la diabetes gestacional. Lo que realmente debe llamar nuestra atención es la combinación de macrosomía + antecedentes de diabetes durante el embarazo o hiperglucemia materna + obesidad posterior + antecedentes familiares. Ahí sí empieza a reunirse una familia de factores metabólicos que uno preferiría no invitar toda junta a la misma fiesta.
Por eso, cuando veo a un adulto con prediabetes o diabetes tipo 2, cada vez me parece más interesante preguntar algo que rara vez aparece en los formularios médicos: “¿Sabes cuánto pesaste al nacer? ¿Tu mamá tuvo diabetes durante el embarazo?”. La persona puede mirarme como si estuviera investigando un delito ocurrido hace cincuenta años, pero algunas historias metabólicas realmente empiezan allí. No podemos cambiar lo que ocurrió dentro del útero, pero sí podemos modificar buena parte de lo que sucede después: peso, actividad física, masa muscular, alimentación, sueño y detección temprana de alteraciones de la glucosa. Aquel bebé enorme y aparentemente rebosante de salud no nació diabético; simplemente pudo haber recibido una primera señal de riesgo muchos años antes de que alguien pensara en medirle una HbA1c.
Bibliografía para curiosos
HAPO Study Cooperative Research Group. Hyperglycemia and Adverse Pregnancy Outcomes. N Engl J Med. 2008;358:1991-2002.
Lowe WL Jr, Scholtens DM, Lowe LP, et al. Hyperglycemia and Adverse Pregnancy Outcome Follow-up Study: Maternal Gestational Diabetes Mellitus and Childhood Glucose Metabolism. Diabetes Care. 2019;42:372-380. A los 10-14 años, los hijos de madres con diabetes gestacional presentaron intolerancia a la glucosa con aproximadamente el doble de frecuencia: 10,6 % frente a 5,0 %.
¿Tienes prediabetes? No te quedes mirando solamente la glucosa.
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