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de Hormonas
Testosterona en mujeres: ¿la hormona que devuelve las ganas de vivir… y hasta de aguantar al marido?

Durante muchos años relacionamos la testosterona con los hombres, los músculos, la barba y ese entusiasmo inexplicable que algunos sienten por levantar pesas frente a un espejo. Pero, las mujeres también producen testosterona, aunque en cantidades mucho menores, y esta hormona participa en distintas funciones del organismo, incluida la respuesta sexual. Y aquí viene el núcleo del asunto, después de los 40 o 50 años, muchas mujeres experimentan cansancio, irritabilidad, dificultades para concentrarse, disminución del deseo sexual y esa famosa “niebla mental” que las hace entrar a la cocina y quedarse mirando la nevera sin recordar a qué fueron, y simplemente para justificar el viaje terminan comiéndose un pedazo de queso, o gritando al marido porque no lavó el vaso que usó,
Pues bien, en el Congreso de la Sociedad de Menopausia de 2026, celebrado en San Diego, se presentó una investigación que despertó bastante interés: 332 mujeres de entre 27 y 78 años que recibían tratamiento con testosterona fueron consultadas sobre los cambios que habían experimentado. Y lo sorprendente fue que los beneficios que más destacaron no tenían que ver precisamente con el deseo y la actividad sexual, sino con sentirse mejor, tener más energía y recuperar el ánimo. Fíjate, mientras algunos pensarían que la testosterona les serviría principalmente para reavivar la pasión, muchas mujeres estaban más interesadas en llegar a las seis de la tarde sin sentir que necesitaban conectarse a un cargador.
Los resultados fueron llamativos: el 84,3 % de las mujeres manifestó mejoría en la energía y el cansancio; el 70,8 % en los síntomas depresivos; el 69 % en la irritabilidad y el 66,9 % en el interés sexual. También comunicaron mejorías en la memoria (54,5 %) y la concentración (57,8 %). Y casi el 90 % afirmó que su calidad de vida había mejorado.
Ya me imagino que, con semejantes cifras, más de una de mis pacientes estará pensando en ir a consulta y decirme, Barcha, por qué has sido tan malvado, y no me has formulado testosterona? Pero aquí viene algo que siempre les recuerdo: que muchas personas digan sentirse mejor después de recibir un tratamiento no demuestra necesariamente que el tratamiento sea el responsable. Este fue un estudio retrospectivo, basado en encuestas, sin un grupo de mujeres que recibiera placebo para comparar los resultados. Además, los investigadores no evaluaron sistemáticamente los efectos adversos. De hecho, ensayos clínicos más rigurosos no han demostrado hasta ahora beneficios consistentes de la testosterona sobre la energía, el estado de ánimo o la memoria. Es como cuando alguien comienza a tomar unas vitaminas, se siente extraordinariamente bien y asegura que gracias a ellas volvió a bailar salsa. ¡Pero olvidamos preguntarle si también empezó a dormir ocho horas, hacer ejercicio o dejó de pelear con la vecina!
Entonces, ¿deberíamos formular testosterona a todas las mujeres que llegan a la menopausia sintiéndose cansadas, irritables o con poco deseo sexual? Los maridos dirían: sí Barcha, a todas! a la mía formúlale una chicha de testosterona. Pero la respuesta debería ser: definitivamente no. Las recomendaciones internacionales respaldan su uso principalmente en mujeres posmenopáusicas con trastorno del deseo sexual hipoactivo, después de una valoración clínica cuidadosa. No existe evidencia suficiente para recomendarla rutinariamente como tratamiento del cansancio, la depresión o las dificultades de memoria. Además, debemos vigilar sus posibles efectos adversos, como la aparición de acné, aumento del vello o cambios en la voz cuando la exposición es excesiva. Porque, imagínate que tu esposa comienza a utilizar testosterona para recuperar la energía y mejorar el deseo sexual, y unos meses después te envía un mensaje de voz por WhatsApp y, al escucharlo, piensas que te equivocaste de chat y te está hablando un señor. ¡Una cosa es que recupere las ganas de bailar salsa contigo y otra muy distinta es que termine cantando las canciones de Barry White con la voz original! Y cuidado, porque algunos cambios en la voz provocados por un exceso de testosterona pueden ser irreversibles.
Tampoco conocemos suficientemente su seguridad cardiovascular y mamaria a largo plazo. Y algo más: no todo cansancio durante la menopausia es consecuencia de una deficiencia de testosterona. Antes de pensar en hormonas debemos investigar el sueño, la función tiroidea, la anemia, los medicamentos, los síntomas depresivos y los cambios propios de esta etapa de la vida. A mí me parece maravilloso que estemos investigando tratamientos para mejorar la calidad de vida de las mujeres, porque la menopausia no debería ser una condena a vivir cansadas, irritables y con ganas de mandar al marido a vivir donde la suegra. Pero tampoco podemos salir corriendo a formular testosterona como si fuera el elixir de la eterna juventud. ¡Bastante tenemos ya con los hombres de 65 años quienes creen que una inyección de testosterona les devolverá los músculos, la cabellera y el entusiasmo sexual de los 25!
Bibliografía para curiosos
Salzman S. (2026). Women on Testosterone Report Gains Beyond Sexual Desire in Observational, Retrospective Survey.
Parish SJ, et al. (2021). International Society for the Study of Women's Sexual Health Clinical Practice Guideline for the Use of Systemic Testosterone for Hypoactive Sexual Desire Disorder in Women. Journal of Women's Health, 30(4), 474–491.
Ajustes en el interrogatorio
Polifarmacia: la pregunta que llevaba 38 años haciendo mal

Hoy quiero contarles algo que me sucedió hace dos semanas y que, después de casi 38 años ejerciendo la medicina, me hizo cambiar una de las preguntas que habitualmente hago a mis pacientes. Todo comenzó con una llamada desde otra ciudad. Era por Antonio, un ingeniero pensionado de 80 años, deportista, disciplinado y uno de esos pacientes que yo consideraba ejemplares. Lo atiendo desde hace varios años por hipertensión arterial, prediabetes, alteraciones del colesterol y una enfermedad renal incipiente. Cumple sus controles, se hace los exámenes y sigue mis recomendaciones. ¡De esos pacientes que uno quisiera clonar y repartir entre los colegas! Pero Antonio estaba de viaje y había sufrido un síncope, es decir, una pérdida transitoria del conocimiento. El médico que lo atendía en urgencias habló conmigo y me preguntó qué medicamentos tomaba. Le expliqué que tenía prescritos valsartán 80 mg, amlodipino 5 mg y dapagliflozina de 10 mg. Entonces mi colega me dijo: «Doctor, esos son los medicamentos que usted le formuló, pero su esposa me dice que toma otros cinco. ¿Usted los conoce?». ¡Y ahí comenzó mi sorpresa!
Luego, hablando con Antonio, me dijo que tomaba un complejo vitamínico de una marca extraña, esomeprazol que yo le había formulado durante 30 días por una gastralgia, 2 años antes, pero que él decidió continuar indefinidamente y aspirina de 100 mg. porque un amigo le había dicho que era estupenda para prevenir infartos. Pero eso no era todo: para dormir tomaba hidroxicina de 25 mg, un medicamento que le habían formulado al nieto de un vecino y que a él le pareció una magnífica solución para su insomnio. ¡Imagínense! El medicamento había pasado del pediatra al nieto, del nieto al abuelo, del abuelo al vecino y del vecino a Antonio. ¡Una verdadera cadena de recomendaciones piratas! Y como si aquello fuera poco, cuando viajaba a ciudades a nivel del mar y se le hinchaban los tobillos, decidía tomarse una hidroclorotiazida que le sugirió su peluquero, ¡Sí, el peluquero! Aparentemente, el hombre había decidido ampliar su negocio y ofrecer, además del corte de cabello, consejería en salud. ¡Maravilloso! Yo llevaba años cuidándole la salud y él había organizado una junta médica paralela integrada por un amigo, el vecino, un peluquero y cositas varias de sus propia inspiración.
Pero, más allá de los riesgos que estaba corriendo Antonio, hubo algo que me dejó profundamente preocupado: ¿cómo era posible que yo no hubiera detectado antes esta situación en un paciente que acudía regularmente a sus controles? ¿Había cometido un error? Sí, tuve que reconocerlo: durante años hacía la pregunta equivocada. «¿Estás tomando los medicamentos como te los indiqué?». Y la respuesta casi siempre era: «Sí, Barcha, juiciosamente, todos los días». Pero claro, el paciente me estaba diciendo la verdad: seguía la prescripción como la había formulado. ¡Lo que nunca me contaba era que, además, seguía las recomendaciones farmacológicas del compadre, del vecino y del peluquero!
Desde hace 2 semanas, en lugar de limitarme a preguntarles si están tomando correctamente lo que les formulé, les digo: «Cuéntame absolutamente todo lo que tomas y antes de venir a consulta donde mí, o a donde otro médico, tómale una foto a todos los medicamentos que tomas y muéstramelos». Porque la polifarmacia puede aumentar el riesgo de reacciones adversas, interacciones, caídas, hospitalizaciones y estados de confusión, especialmente en los adultos mayores. Naturalmente, cinco o seis medicamentos bien indicados pueden ser indispensables y salvar vidas. El problema aparece cuando agregamos tratamientos innecesarios, duplicados o que ya no tienen una indicación. Y si cuando vas de viaje necesitas una maleta para la ropa y otra para los medicamentos, tal vez haya llegado el momento de revisar el equipaje con tu médico. Por supuesto, nunca suspendas por tu cuenta los tratamientos prescritos.
De dietas
La dieta baja de peso pero infla el abdomen

¡Hay pacientes que comienzan una dieta para adelgazar y terminan con la barriga más grande que cuando empezaron! Y lo peor es que no hicieron trampa. No es infrecuente que en mi consulta atienda personas con prediabetes, exceso de peso o ambas condiciones, a quienes les recomiendo reducir los productos industrializados y regresar a una alimentación más natural, con verduras, frutas, legumbres y alimentos poco procesados. ¡Y algunos se toman la recomendación tan en serio que hasta comienzan a mirar las galletas del supermercado como si fueran delincuentes peligrosos! Pero unas semanas después regresan al consultorio con una queja inesperada: «Barcha, estoy comiendo más saludable, pero tengo tantos gases que mi pareja amenaza con hacerme dormir en el balcón». Y no exageran demasiado. Algunos descubren que una inocente porción de lentejas puede convertir una tranquila tarde familiar en un concierto de instrumentos de viento. ¿Y cómo es posible que alimentos tan saludables produzcan semejante revolución intestinal? Pues porque algunas personas también padecen síndrome de intestino irritable, y ciertos carbohidratos fermentables, conocidos como FODMAP, pueden desencadenar gases, distensión y dolor abdominal.
¡Imagínate el problema! Queremos reducir la grasa abdominal, pero el intestino se empeña en hacernos parecer embarazados de cinco meses. ¿Entonces qué hacemos cuando necesitamos controlar la glucosa, bajar de peso y evitar que nuestra barriga se convierta en una fábrica de gases? Hoy quiero explicarte cómo podemos conciliar estos objetivos y, al final del artículo, te dejaré un ejemplo de alimentación de cinco días, con aproximadamente 1.800 calorías, para que compruebes que es posible comer saludablemente sin declararles la guerra a tus intestinos.
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Hasta el próximo martes,
Barcha


